En la búsqueda de alternativas sostenibles al uso de productos fitosanitarios, la naturaleza sigue sorprendiendo. Un estudio reciente ha demostrado que las plantas de maíz tienen la capacidad de emitir señales químicas volátiles cuando son atacadas por plagas, activando así defensas tanto en sí mismas como en plantas vecinas.
Estas señales, conocidas como compuestos orgánicos volátiles (COVs), actúan como una especie de “alarma natural”. Su emisión alerta al entorno vegetal próximo, lo que permite que otras plantas activen sus propios mecanismos defensivos incluso antes de verse afectadas.
¿Cómo funcionan estas señales naturales contra las plagas?
El proceso observado por investigadores consiste en lo siguiente:
- Cuando una plaga, como el gusano cogollero, daña una planta de maíz, ésta libera compuestos volátiles al ambiente.
- Las plantas cercanas detectan estas señales y estimulan la producción de sustancias que repelen o limitan el daño de insectos herbívoros.
- Al mismo tiempo, se produce un efecto repelente que reduce la atracción de nuevos insectos.
Esta estrategia no solo reduce la necesidad de aplicar insecticidas químicos, sino que promueve un sistema de cultivo más resiliente y autónomo frente a plagas.
Aplicaciones prácticas para el manejo de plagas en cultivos
Este descubrimiento abre la puerta a nuevas formas de control biológico de plagas basadas en las capacidades innatas de comunicación vegetal. En lugar de actuar una vez que la plaga ha causado daños visibles, los agricultores podrían:
- Diseñar cultivos intercalados o asociaciones que aprovechen esta comunicación natural.
- Seleccionar variedades de maíz con mayor capacidad de emitir COVs como medida preventiva.
- Estudiar e implementar bioestimulantes que refuercen esta capacidad química natural.
Además, el uso de sensores y herramientas de agricultura de precisión podría ayudar a monitorizar la emisión de señales volátiles, permitiendo anticipar brotes de plagas de forma más precisa.
Avances científicos que respaldan este fenómeno para prevenir plagas
Este comportamiento vegetal ha sido validado por investigadores del Centro de Agricultura y Medio Ambiente de la Universidad de Wageningen (Países Bajos) y otros centros europeos. El estudio demuestra que, al recibir la señal química, las plantas no solo aumentan su producción de defensas químicas, sino que también modifican su expresión genética para responder al posible ataque.
Aunque la investigación se ha desarrollado en condiciones controladas, se están haciendo pruebas de campo para evaluar su aplicabilidad práctica en grandes explotaciones agrícolas.
Beneficios para una agricultura más sostenible
Incorporar este tipo de estrategias de defensa vegetal representa un paso más hacia una agricultura más respetuosa con el medioambiente. Entre los beneficios directos destacan:
- Reducción en el uso de insecticidas químicos, lo que contribuye a una menor contaminación del suelo y agua.
- Ahorro económico para el agricultor al reducir la dependencia de productos fitosanitarios.
- Mejora de la salud del agroecosistema, al proteger también a los insectos beneficiosos como polinizadores o enemigos naturales de plagas.
Castilla-La Mancha: un entorno ideal para la aplicación de esta innovación
En Castilla-La Mancha, región con gran superficie dedicada al cultivo de maíz y otros extensivos, este tipo de descubrimientos podría tener una aplicación directa en programas de control integrado de plagas. Dada la apuesta regional por prácticas agrarias sostenibles y el crecimiento de la agricultura ecológica, el uso de defensas naturales vegetales podría integrarse en planes de transición agroecológica, especialmente en zonas donde la presión de plagas como la rosquilla negra o el cogollero es recurrente.
Además, los centros tecnológicos agroalimentarios de la región podrían desarrollar investigaciones propias adaptadas al clima y variedades locales, promoviendo su implementación a escala comercial.
Las plantas también se comunican para sobrevivir
Lo que hasta hace poco parecía ciencia ficción hoy es una estrategia real de defensa vegetal. El maíz nos muestra que la naturaleza ya tiene herramientas eficaces para resistir a las plagas, y la ciencia solo necesita aprender a potenciarlas y aplicarlas en campo.
A medida que los costes de insumos aumentan y las exigencias medioambientales se endurecen, integrar soluciones biológicas como ésta no es solo recomendable: es estratégico.

