La actualidad agraria española se encuentra nuevamente en el foco por las estimaciones para la campaña de aceite de oliva 2025-26. El Ministerio de Agricultura prevé una producción nacional cercana a 1,371 millones de toneladas, lo que supone un leve descenso del 3 % respecto al ciclo anterior. En Castilla-La Mancha, región clave del olivar español, esta estimación se traduce en una cifra de 121.500 toneladas, lo que implica una caída estimada del 17 % frente a su rendimiento en 2024.
Este panorama genera inquietudes entre los productores locales, que ya habían advertido de los efectos adversos del calor y la falta de lluvias. UPA-CLM ha señalado que las previsiones iniciales “se han ido al traste” debido a esas condiciones climáticas adversas, lo que puede repercutir no solo en la producción sino también en la rentabilidad y estabilidad del mercado oleícola manchego.
En este artículo analizamos las estimaciones nacionales, su impacto en Castilla-La Mancha, los riesgos que acechan al sector y las posibles estrategias para enfrentar el nuevo ciclo agrícola.
1. Panorama nacional: estabilidad con ligero retroceso
El MAPA, mediante el Aforo Nacional de Cosecha, ha elevado la previsión para la campaña 2025-26 a 1.371.938 toneladas, apenas un 3 % por debajo del volumen del año previo, pero colocándose un 19 % por encima del promedio de las últimas seis campañas marcadas por sequías prolongadas.
Este dato demuestra una recuperación o, al menos, mantenimiento relativo frente a años recientes difíciles. No obstante, el descenso estimado es una llamada de atención para un sector que enfrenta presiones climáticas, de costes y de mercado.
En Andalucía, por ejemplo, se proyecta una reducción del 5,5 % en su producción respecto a la campaña pasada, ubicándose en torno a 1.080.900 toneladas.
Esta comunidad concentra la mayoría de la producción nacional, lo cual hace que cualquier variación allí tenga efectos dominó en el mercado español e internacional.
2. Castilla-La Mancha: entre esperanza y preocupación
Las previsiones para Castilla-La Mancha son particularmente sensibles, porque esta comunidad actúa como segunda productora del país y es barómetro del rendimiento oleícola nacional. Con una estimación de 121.500 toneladas, la región experimentaría una caída significativa frente a la campaña anterior.
UPA-CLM advierte que los pronósticos iniciales se han desinflado debido al calor persistente y la escasez de lluvias durante agosto, factores que han afectado el cuajado y rendimiento del fruto.
Estos anuncios plantean varios interrogantes:
- ¿Cómo reaccionará el mercado local frente a una menor producción?
- ¿Qué impacto tendrá sobre los precios en origen en Castilla-La Mancha?
- ¿Qué márgenes les quedarán a los productores frente a los costes crecientes de insumos?
3. Factores que inciden en las previsiones
3.1 Clima: calor y déficit hídrico
El clima es, como siempre, un factor decisivo. Las altas temperaturas en momentos críticos del ciclo del olivo y la falta de lluvias —especialmente en el mes de agosto— han limitado el potencial productivo.
3.2 Costes de producción y presión de mercado
El aumento de los costes —fertilizantes, energía, mano de obra— presiona los márgenes del olivar. En un escenario de menor volumen, es aún más difícil que los precios en origen compensen esos costes.
3.3 Comportamiento de precios y especulación
UPA ha denunciado que, en campañas recientes, los precios han caído en origen más allá de lo que las pérdidas justificaban, apuntando hacia movimientos especulativos que agravan la presión sobre los productores.
4. Riesgos y desafíos para el olivar manchego
- Caída de precios: menor producción puede aumentar precios, pero también puede generar incertidumbre si la oferta no se ajusta al mercado.
- Competencia internacional: otros países mediterráneos podrían entrar con precios agresivos si la oferta nacional se debilita.
- Incertidumbre climática: el éxito final depende de cómo evolucionen las condiciones en otoño e invierno.
- Rentabilidad de explotaciones pequeñas: los agricultores más modestos pueden verse más afectados por la estrechez de margen.
5. Posibles estrategias para resistir
- Ajuste de la producción: evitar exceso de oferta que debilite precios.
- Colaboración sectorial: asociaciones y cooperativas pueden trabajar en mecanismos de estabilización del mercado.
- Innovación y eficiencia: adoptar técnicas de riego eficiente, poda adaptada, variedades más resistentes al estrés térmico.
- Valor añadido y diferenciación: mejorar calidad, obtener certificaciones (DOPs) y abrir nichos de mercado que valoren la calidad sobre el volumen.
- Comunicación y transparencia: divulgar las estimaciones y retos para fortalecer la cadena y la defensa del valor del aceite manchego.
La actualidad agraria en Castilla-La Mancha pone sobre la mesa un escenario complejo para la campaña oleícola 2025-26. Mientras España mantiene magnitudes robustas, la región experimenta una brecha pronunciada frente a su potencial histórico.
Para los productores manchegos, el éxito no estará solo en la cantidad, sino en su capacidad de adaptarse: optimizando costes, exigiendo transparencia en precios, y buscando calidad y diferenciación.
Seguiremos vigilando la evolución del aforo, los precios en origen y las condiciones climáticas, porque en el olivar manchego se juega un parte esencial del futuro agrario de nuestra región.

