La cosecha de almendra en Castilla-La Mancha afronta durante estas semanas uno de los momentos decisivos de la campaña. En las parcelas y variedades más adelantadas, la recolección comenzó ya durante agosto, mientras que durante septiembre continúa avanzando en buena parte de las zonas productoras.
No se trata únicamente de recoger cuanto antes. Después de meses de altas temperaturas y elevada demanda hídrica, llega el momento de comprobar cómo ha respondido cada almendro, determinar correctamente la madurez del fruto y organizar la recolección para reducir pérdidas y conservar la calidad.
La cuestión adquiere especial relevancia en Castilla-La Mancha. La región se ha convertido en uno de los grandes territorios españoles del almendro y tiene un peso especialmente importante dentro del secano nacional. Los últimos balances publicados por el Ministerio de Agricultura situaban a Castilla-La Mancha en torno al 21,7 % de la superficie española de almendro de secano.
Además, una parte de las plantaciones regionales todavía es joven. En los datos correspondientes a 2024, aproximadamente un 12,6 % de la superficie manchega de almendro de secano aún no había entrado en producción.
Esto dibuja un sector que continúa evolucionando y en el que conviven almendrales tradicionales de secano con plantaciones más modernas, algunas de ellas en regadío.
En ese contexto, rentabilizar la cosecha no depende únicamente de los kilos obtenidos. Elegir el momento adecuado para recolectar, minimizar las pérdidas, secar correctamente la almendra y conocer el rendimiento real de cada parcela puede marcar diferencias importantes.
El calor del verano deja su huella en el almendro
El almendro está asociado históricamente a ambientes mediterráneos y presenta una buena adaptación a condiciones secas. Eso no significa que sea indiferente a la disponibilidad de agua.
El periodo comprendido entre el desarrollo del fruto y la recolección condiciona el resultado final.
Una situación prolongada de estrés hídrico puede limitar la actividad vegetativa y productiva del árbol. El efecto final dependerá de numerosos factores: características del suelo, profundidad efectiva de las raíces, reservas acumuladas, precipitaciones, edad de los árboles, variedad, carga productiva y, en las parcelas regadas, estrategia de riego.
Por eso dos explotaciones relativamente próximas pueden terminar la campaña con resultados muy distintos.
En un secano con suelos profundos y capacidad para almacenar el agua recibida durante los meses anteriores, el árbol puede disponer de unas reservas muy diferentes a las de una parcela superficial o pedregosa.
En regadío, por su parte, disponer de agua ofrece mayor capacidad de intervención, pero tampoco convierte la producción en automática.
Como referencia de la diferencia productiva que puede alcanzar el regadío, la encuesta ESYRCE del Ministerio estimó para 2025 un rendimiento nacional de 2.073 kg/ha de almendra con cáscara en regadío, un 6 % superior al de 2024 y por encima de las medias de los años anteriores. Son datos nacionales y no deben trasladarse directamente a una explotación manchega, pero ilustran la importancia que puede adquirir el sistema productivo.
Precisamente por eso resulta mucho más útil conocer el rendimiento histórico de cada parcela que trabajar únicamente con medias regionales o nacionales.
¿Cuándo es el momento adecuado para recolectar la almendra?
En septiembre la pregunta ya no es cuándo comienza la campaña, sino qué parcelas están realmente preparadas para ser recolectadas.
La fecha no debería decidirse exclusivamente mirando el calendario.
Variedad, altitud, orientación, régimen hídrico, condiciones meteorológicas y evolución particular de la plantación pueden adelantar o retrasar la maduración.
Uno de los indicadores visuales más evidentes es la evolución del mesocarpio o envoltura exterior del fruto. Conforme avanza la maduración, esta cubierta se seca y se abre, dejando progresivamente expuesta la cáscara.
Sin embargo, la observación debería realizarse sobre una muestra representativa de la parcela.
No basta con mirar unos pocos árboles situados junto a un camino.
El agricultor debe comprobar diferentes zonas, especialmente cuando existen cambios de suelo, orientación, vigor o disponibilidad de agua.
Recolectar demasiado pronto puede dificultar el desprendimiento y comprometer características del fruto. Retrasar innecesariamente la cosecha también puede incrementar pérdidas y exposición a problemas meteorológicos o sanitarios.
El objetivo es encontrar un equilibrio entre madurez, facilidad de recolección, calidad y capacidad logística.
En secano, cada parcela cuenta una historia diferente
Hablar del almendro en Castilla-La Mancha obliga a detenerse en el secano.
Según el balance sectorial del MAPA, Castilla-La Mancha concentraba el 21,7 % de toda la superficie española de almendro de secano en la campaña analizada.
Esto convierte la gestión del agua almacenada en el suelo en uno de los elementos esenciales del cultivo.
Después de un verano caluroso, no debería sorprender encontrar diferencias importantes incluso dentro de una misma explotación.
Las zonas con menor profundidad de suelo pueden mostrar antes las consecuencias del estrés. Las vaguadas, laderas y terrenos con diferente textura también pueden presentar comportamientos distintos.
Aquí aparece una oportunidad para mejorar la gestión agrícola.
En lugar de registrar:
“Parcela de almendro: rendimiento medio X”.
resulta mucho más interesante identificar zonas homogéneas y relacionar producción con suelo, variedad, edad, incidencias meteorológicas y labores realizadas.
Con varios años de datos, el agricultor puede empezar a distinguir problemas puntuales de limitaciones estructurales de la parcela.
El almendro de regadío necesita eficiencia, no simplemente más agua
La situación es diferente en las explotaciones con disponibilidad de riego.
El objetivo no debería ser aplicar agua de forma uniforme sin atender al estado del cultivo, sino utilizar cada metro cúbico allí donde pueda generar mayor respuesta agronómica.
La humedad del suelo, las condiciones meteorológicas, la evapotranspiración y el estado fenológico permiten ajustar mucho mejor las decisiones.
Esto adquiere especial importancia en Castilla-La Mancha, donde el agua constituye un recurso estratégico.
Un sistema de riego también permite reducir parte de la variabilidad característica del secano, aunque no elimina otros riesgos como las heladas, el granizo, determinados problemas sanitarios o las temperaturas extremas.
Y existe otro elemento que a veces queda relegado: la rentabilidad debe calcularse incorporando el coste del agua y de la energía.
Obtener más kilos por hectárea no significa necesariamente obtener un margen proporcionalmente mayor.
La comparación correcta debería realizarse sobre margen económico y eficiencia de los recursos.
Cosechar bien significa perder menos almendra
Cuando llega la recolección, buena parte de la inversión de todo el año está físicamente en los árboles.
Las pérdidas en esta fase tienen un efecto especialmente doloroso porque todos los costes anteriores ya se han producido.
Antes de entrar con la maquinaria conviene revisar su estado y configuración.
La intensidad y duración de la vibración deben adaptarse a las características de los árboles y del equipo utilizado. Una operación mal ajustada puede reducir la eficacia de derribo o causar daños innecesarios.
También importa la organización.
Cuando existen varias parcelas o variedades, establecer un orden de cosecha de acuerdo con la maduración permite utilizar mejor maquinaria, remolques y personal.
La pregunta adecuada no es simplemente:
“¿Qué parcela tengo más cerca?”
sino:
“¿Qué parcela necesita ser recolectada antes?”
Esa pequeña diferencia resume bastante bien el salto entre ejecutar una labor y gestionar una explotación.
Del árbol al almacén: la calidad también se juega después de cosechar
Una almendra correctamente producida puede perder valor si el manejo posterior es deficiente.
Tras la recolección, el control de la humedad resulta fundamental.
La almendra no debería permanecer innecesariamente acumulada en condiciones que favorezcan calentamientos, condensaciones o desarrollo de hongos.
El secado debe realizarse de manera homogénea y el producto posteriormente debe conservarse en condiciones adecuadas de limpieza, ventilación y protección frente a humedad y contaminación.
Como referencia técnica de la importancia de este parámetro, las especificaciones oficiales de determinadas producciones de almendra establecen controles de humedad en recepción y procesos de secado cuando se superan los niveles previstos, además de exigir almacenamiento limpio, seco y ventilado.
La enseñanza para cualquier explotación es clara:
la cosecha no termina cuando la almendra abandona el árbol.
Termina cuando el producto está correctamente acondicionado para conservar sus características.
Calidad y precio: vender kilos no es toda la ecuación
Uno de los errores más frecuentes al valorar una campaña es fijarse exclusivamente en los kilos recogidos por hectárea.
Para conocer el resultado económico real hay que incorporar más variables.
El rendimiento en grano respecto a la almendra con cáscara, el calibre, la presencia de defectos, la humedad y las condiciones comerciales pueden influir en el valor final.
Por eso dos parcelas que entregan cantidades similares de almendra con cáscara pueden generar resultados económicos diferentes.
También conviene separar tres conceptos:
producción física, calidad comercial y margen económico.
Una parcela puede producir mucho y tener costes muy elevados. Otra puede registrar menos kilos pero generar un margen interesante debido a una estructura de costes diferente.
Especialmente en la convivencia entre secano tradicional y nuevas plantaciones más intensivas, comparar únicamente kg/ha puede conducir a conclusiones equivocadas.
El crecimiento del almendro está transformando el mapa agrícola manchego
El peso actual del almendro en Castilla-La Mancha no se explica solamente por las plantaciones tradicionales.
Durante los últimos años se ha producido una fuerte expansión y modernización.
La Junta llegó a señalar que la comunidad había pasado en aproximadamente cinco años de unas 75.000 a más de 150.000 hectáreas de almendro, alrededor de 40.000 de ellas ecológicas.
Los datos sectoriales posteriores muestran además que continúa existiendo una cantidad significativa de superficie joven.
Esta circunstancia es importante cuando se analizan las perspectivas del cultivo.
El volumen futuro no dependerá únicamente de nuevas plantaciones. También lo hará de la progresiva entrada en producción de almendrales que ya existen.
El Ministerio señalaba que en 2024 el 12,6 % del almendro manchego de secano todavía no había entrado en producción.
Por tanto, el sector deberá prepararse no solo para producir, sino también para acondicionar, transformar y comercializar eficientemente cantidades potencialmente mayores.
Almendro tradicional y nuevas plantaciones: no existe un único modelo
La expansión del cultivo ha creado una realidad muy diversa.
En Castilla-La Mancha conviven almendrales tradicionales de secano y baja densidad con explotaciones modernas que incorporan variedades de floración tardía, riego localizado, mecanización y diseños concebidos para facilitar las operaciones.
No existe necesariamente un modelo correcto para todas las situaciones.
Una finca de secano situada en una zona con disponibilidad hídrica limitada debe analizar sus inversiones desde una realidad completamente diferente a la de una explotación con acceso a riego.
Lo verdaderamente importante es que el diseño y manejo estén adaptados al potencial productivo real de la parcela.
Intentar trasladar rendimientos, costes o estrategias de un modelo a otro sin tener en cuenta suelo, agua y clima puede generar expectativas poco realistas.
¿Qué datos deberíamos guardar durante la cosecha del almendro?
La recolección proporciona una de las mejores oportunidades del año para transformar lo ocurrido en la parcela en información útil.
No basta con saber cuántos remolques han salido de la finca.
Conviene registrar, como mínimo:
- parcela y superficie realmente cosechada;
- variedad;
- fecha de recolección;
- producción total;
- rendimiento por hectárea;
- humedad cuando proceda;
- rendimiento de grano;
- incidencias observadas;
- horas de maquinaria;
- mano de obra;
- costes de recolección y transporte;
- riego realizado durante la campaña, en parcelas regadas;
- tratamientos y fertilización;
- daños por helada, granizo, sequía, fauna o plagas.
Aquí el cuaderno de campo digital deja de ser solamente una herramienta para registrar labores.
Puede convertirse en un histórico económico y agronómico de la explotación.
Imaginemos dos variedades que ocupan superficies similares.
Después de una campaña puede resultar difícil extraer conclusiones. Después de cuatro o cinco, si se han registrado producción, costes, agua e incidencias, ya podemos comparar su comportamiento con mucha mayor precisión.
Ese conocimiento permite decidir qué parcelas priorizar, dónde ajustar el manejo o qué variedad está respondiendo mejor bajo las condiciones concretas de la finca.
Después de cosechar empieza la planificación de la próxima campaña
Uno de los mayores errores sería considerar que, una vez recogida la almendra, la parcela deja de requerir atención hasta el año siguiente.
El periodo posterior a la recolección permite realizar una evaluación especialmente valiosa.
Es el momento de revisar el estado de los árboles, identificar problemas, analizar resultados y decidir qué actuaciones deberán plantearse durante los próximos meses.
La fertilización, por ejemplo, no debería establecerse automáticamente copiando el programa del año anterior.
Análisis de suelo, producción obtenida, sistema de cultivo y necesidades reales deben formar parte de la decisión.
Además, existen condicionantes normativos que deben considerarse. En Castilla-La Mancha se establecen, por ejemplo, límites de fertilización en determinadas zonas vulnerables; la normativa regional recoge valores específicos para el almendro de secano.
Por tanto, planificar bien el otoño comienza recopilando correctamente la información de la campaña que termina.
Checklist de cosecha para el almendro manchego
Antes de dar por finalizada una parcela, conviene comprobar cinco bloques esenciales:
- Madurez: verificar que el estado del fruto justifica la recolección y no decidir únicamente por calendario.
- Maquinaria: revisar vibradores, paraguas, barredoras u otros equipos y ajustar su funcionamiento a la plantación.
- Logística: reducir tiempos innecesarios entre derribo, recogida, transporte y acondicionamiento.
- Conservación: controlar humedad, secado y almacenamiento para proteger la calidad.
- Datos: registrar kilos, rendimiento, costes, incidencias y calidad por parcela.
Son tareas sencillas por separado.
Su valor aparece cuando se integran dentro de un mismo sistema de gestión.
La campaña se rentabiliza cuando sabemos qué ha ocurrido en cada parcela
La recolección de almendra en Castilla-La Mancha llega después de un periodo especialmente exigente para el cultivo. En septiembre, mientras unas parcelas ya han terminado y otras continúan pendientes de cosecha, el objetivo debe ser proteger todo el valor generado durante el año.
En secano, conocer cómo ha respondido cada terreno frente a las condiciones estivales ayuda a comprender la enorme variabilidad existente entre explotaciones.
En regadío, relacionar producción con consumo de agua y energía permite determinar si los kilos adicionales se están traduciendo realmente en rentabilidad.
Y en ambos sistemas, recolectar en el momento adecuado, reducir pérdidas, secar correctamente y registrar los resultados por parcela proporciona una base mucho más sólida para preparar la siguiente campaña.
Castilla-La Mancha cuenta con un sector del almendro amplio, diverso y todavía en evolución. Parte de sus plantaciones jóvenes continuará incorporándose a la producción durante los próximos años.
El reto, por tanto, no será solamente producir más almendra.
Será conseguir que cada hectárea produzca de acuerdo con sus posibilidades, mantener la calidad y conocer con precisión cuánto cuesta obtener cada kilo.
Porque al final de la campaña, el dato verdaderamente importante no es cuánto ha producido el almendro manchego en general, sino cuánto ha producido y qué margen ha dejado cada parcela de nuestra explotación.

